Para comprender la desobediencia en primer lugar hay que definirla
y en segundo lugar cómo se realizan las órdenes o peticiones:
- La desobediencia se produce cuando:
- Un superior (padres o educadores…) pide al niño
o adolescente que realice una conducta y éste no responde
a su petición, o tarda demasiado tiempo en hacerla.
- Se le pide al sujeto que interrumpa su conducta actual y hace
caso omiso.
- No se realiza una conducta que se ha establecido por norma que
tiene que realizarse.
- El sujeto lleva a cabo conductas que explícitamente se
le han prohibido.
- Hay situaciones en las que no queda claro que se pueda hablar
de desobediencia:
- Cuando se pide de forma simultánea dos órdenes
incompatibles hechas por dos personas diferentes. En este caso
el niño sólo podrá realizar una orden. Ej:
la madre ordena a su hijo que vaya a bañarse y el padre
le pide que le ayude a arreglar el trastero.
- Cuando una misma persona da varias órdenes de forma simultánea,
dificultando que el niño cumpla con las peticiones. Ej:
Que se vaya a arreglar su habitación y, a continuación,
sin dar tiempo pide que vaya a cenar.
- Cuando un educador invita al niño a violar una prohibición.
Ej: “papá no quiere que pongamos música en
su equipo pero como no está…”
Como se puede apreciar, hay una serie de condiciones que dificultan
que la conducta obediente se produzca. Hay que tener en cuenta la
importancia de órdenes y normas unificadas por parte de los
padres para evitar esos conflictos que el niño vivencia cuando
tiene que acatar las normas que se le dictan.
COMO SE APRENDE LA CONDUCTA DESOBEDIENTE
Todo comportamiento o conducta se aprende. Desde el punto de vista
psicológico, existen unos principios que subyacen al aprendizaje
del comportamiento y la desobediencia no es una excepción.
En algunos casos el niño aprende a obedecer y a comportarse
de forma adecuada, y en otros casos aprende a desobedecer y a comportarse
de forma inadecuada.
Esos principios son:
- Las conductas que manifiestan las personas en general (lo que
piensan, lo que sienten, lo que hacen) dependen de las consecuencias
que esas conductas producen tanto para uno mismo como para los demás.
- Aquellos comportamientos que provocan consecuencias positivas
tienden a repetirse en un futuro. Ej: si una madre premia cada vez
que su hijo ordena la habitación, es probable que trate de
mantenerla ordenada.
- Aquella conductas que producen consecuencias negativas tienden
a hacerse menor frecuentes (Ej: si cuando el niño ayuda a
su madre a limpiar su habitación, ésta la regaña
por no colocar los zapatos ordenados, es probable que al cabo de
varios días su hijo decida que es mejor no ayudar a
su madre).
Existen dos formas básicas de reforzar una conducta:
- Reforzamiento positivo: La conducta va seguida
de un premio material (un juguete, dinero, fichas canjeables…)
o social (un elogio, una caricia, una sonrisa…). La
consecuencia positiva que sigue a la conducta se llama reforzador
positivo y hace que el comportamiento sea más probable
en el futuro. Ej: Si Pepa ordena su habitación, o pone
la mesa y sus padres le premian, es probable que repita esas conductas
con frecuencia y aprende a realizarlas de forma sistemática.
- Reforzamiento negativo: Otra forma
de aprender la conducta es que dicho comportamiento ponga fin
a una situación desagradable. Ej: Cuando un niño
tiene que irse a la cama solo (situación que le asusta)
comienza a llorar y como consecuencia su madre lo acompaña
a la cama. La conducta llorar se repetirá cada vez que
el niño tenga que irse a la cama solo, ya que ha sido reforzada
por la desaparición de un acontecimiento aversivo para él.
En este caso la conducta de llorar produce alivio ya que pone
fin a una situación aversiva, y el alivio es un potente
reforzador. Cuando la consecuencia positiva de una conducta
es la desaparición de una situación aversiva que
está previamente presente se denomina reforzador negativo.
Para que un niño o adulto aprenda una conducta es necesario
que esa conducta sea reforzada. Si no se refuerza es difícil
que se aprenda, o si la había aprendido se debilite y es extinga.
Uno de los errores más frecuentes entre los padres y educadores
es considerar que un niño tiene que “portarse bien” porque
es un deber, y no tienen por qué reforzar dichos comportamientos.
Otro dato importante es que se tiende a pedir que obedezcan con frases
como “sé bueno”, “pórtate bien”… en
vez de especificar la conducta que se desea que el niño aprenda.
Por tanto para mejorar la desobediencia hay que evaluar:
- Los factores de mantenimiento de la desobediencia.
- Los antecedentes y consecuencias de la conducta desobediente.
- La educación parental que recibe el niño que, en
muchas ocasiones, puede ser contradictoria y contraproducente.
Una vez elaborado el análisis funcional de la conducta desobediente
se procede a erradicarla a través de técnicas de modificación
de conducta, dando pautas claras y precisas para cada caso y
de esta manera mejorar el entorno familiar.